Hello from Ohio

Y entonces pasó. Los dos educados besos en la mejilla que nos dimos fueron el primer contacto que tuve con aquellos labios. Se me erizaron los pelos de todo el cuerpo, para que negar lo incuestionable. Los noté blanditos, suaves, cálidos, es definitiva mucho mejor de lo que mis optimistas previsiones habían aconsejado. Como las palabras no me salían de la garganta, me limité a indicarle con un gesto que me siguiese inclusive el lugar en el cual tenía aparcado el automóvil. Se acomodó en el asiento del copiloto, mientras yo conducía mecánicamente, con la cabeza en demás sitio. Si no me di un golpe porno de putalocura contra alguno guagua urbano fue porque llevaba más de diez años conduciendo por aquella ciudad y me sabía de memoria los cruces, los semáforos y inclusive los pasos de cebra. Aún así conseguí que las manos no me temblasen sobre el volante, ni sobre la palanca de cambios.

La evocación de sentirme de nuevo tal un idiota me volvió a acometer. Seguramente me estaba creando expectativas falsas. Parecido vez no hubiese nulidad de partes con torbe. Pero el solo hecho de poder contemplar en directo aquellos labios hoy era suficiente, aun el deseo de disfrutarlos desprovisto límites me provocaba una incómoda presión en las ingles. Ni ni mención cómo aparqué el coche en el subterráneo, ni cómo subimos porno latino. Solo puedo invocar a Eva observando con ojos atentos mi alojamiento, mientras yo me oía decir "cómo si estuvieses en tu casa, ¿vale?". Ella sonrió con atracción, sus labios se extendieron a lo largo de toda su cara y me mostró unos dientes bonitos, perfectos, marfileños. Aquel porno español me tenía atontado del todo. No sabía qué decir ni qué hacer.

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